Un viaje anónimo. Abrazos por donde estés, gracias.
Durante tres días mi madre y yo viajamos en diferentes buses desde Cali, Colombia, hasta Maracay, Venezuela. No son muchas las cosas que recuerdo, pero hay varios momentos que quedaron grabados para siempre en mi memoria. El primero de ellos es la salida de la terminal terrestre de Cali, a donde mi abuela y mi prima fueron a despedirnos. Ambas, cuando el bus arrancó, se ubicaron tras una pared de vidrio desde donde nos decían adiós con las manos. Mi prima lloraba. En los últimos años, ella se había encargado de cuidarme todos los días mientras mi madre trabajaba. Era la que me llevaba a la escuela y luego me recogía, además me ayudaba a hacer las tareas y se encargaba de que me acostara a la hora indicada. Mi abuela, por su parte, cocinaba y mantenía limpio el rancho de bahareque donde vivíamos los cuatro. Fue ella la que más motivó a mi madre para que emprendiera el viaje a Venezuela. El objetivo era que trabajara algunos años y reuniera el dinero suficiente para regresar y demoler el rancho y en su lugar levantar una casa de ladrillo. Años atrás mi madre había rechazado varias propuestas que le hicieron para ir a trabajar a los Estados Unidos, pero esta vez aceptó el viaje a Venezuela porque sí podía llevarme con ella. Íbamos a vivir en la casa de mi tía, la hermana mayor de mi madre, una mujer que desde su juventud se había ido del país junto con su esposo. Yo sólo comprendí la magnitud del viaje cuando observé, desde la ventanilla del bus, cómo mi prima lloraba tras aquella pared de vidrio mientras nos decía adiós con la mano.
Cuando desperté me puse a llorar porque descubrí que mi madre me había abandonado en aquel bus. No tenía ni idea del lugar en que ella se había bajado, ni siquiera sabía qué territorios oscuros eran los que veía por la ventanilla, esas ráfagas de sombras que pasaban veloces. Lloraba sin saber qué hacer, quería regresar a mi casa. Lo único que se me ocurrió fue ir a la cabina a pedirle ayuda al conductor. Toqué con desespero la pequeña puerta de acceso. Entonces mi madre me abrió. Estaba ahí porque en ese lugar le permitieron fumar el cigarrillo que necesitaba desde hace rato para convertir en humo el dolor de haber dejado atrás a mi abuela y a mi prima. Ambos nos abrazamos, yo dejé de llorar, ella no.
De una manera borrosa recuerdo los hoteles de Bogotá y de Cúcuta, a donde sólo ingresamos a bañarnos y a cambiarnos de ropa para salir de inmediato hacia la terminal a abordar otros buses. Pero lo que sí tengo muy presente, aunque no sé en qué trayecto ocurrió, fue el trivial accidente que dejó ciego a un anciano. Sólo nos dimos cuenta de lo que había ocurrido cuando la Policía detuvo el bus en un pequeño pueblo. Uno de los uniformados se subió y preguntó en voz alta que quién fue el que unos kilómetros atrás arrojó una botella de Coca-cola por la ventanilla. Una niña que viajaba con sus padres levantó la mano con una gran sonrisa de felicidad, como si estuviera a punto de responderle a su profesor la pregunta más difícil de la clase. El uniformado le ordenó a toda la familia que bajara del bus y sacara las maletas. Algunos pasajeros y el conductor también bajaron a enterarse de lo que ocurría. Luego subieron y nos contaron todo. La familia iba a ir a la cárcel porque la botella que lanzó la niña quebró el parabrisas de un carro que pasaba en ese momento al lado del bus. Las esquirlas de vidrio habían desgarrado los ojos del anciano que conducía.
No tengo más recuerdos de aquel viaje. Los miles de kilómetros que recorrimos en aquellos tres días me parecen hoy como un inmenso túnel oscuro que me transportó a otro mundo. A los pocos días de haber llegado a Maracay yo era un niño feliz que estaba bajo el cuidado de mi tía. Durante los tres años que viví en esta ciudad nunca extrañé a mi prima ni a mi abuela. En cambio mi madre, que se pasaba todo el día trabajando como cuando estábamos en Cali, lloraba cada vez que las llamaba por teléfono.
Anónimo
martes, 25 de noviembre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
Un poco de veneno
Hoy, este instante me siento, disculpa por el plagio, un poco apestado, y es que, como comenté en este blog apestoso, las veces en que me siento resentido contra el mundo, de las que finjo reírme, son más frecuentes de las que quiero admitir.
Hoy soy peor que de costumbre, aun más pequeño, no quiero ver el sol, no quiero que el planeta gire, ni que las aves vuelen, quiero que las estrellas se apaguen, que inicie la tercera guerra mundial, que el agua y los bosques se acaben, que las flores marchiten... Por ahí me escucho: "cuidado con lo que pides", hoy no importa.
¿Cómo no preguntarme que mierda anda mal conmigo? ¿De donde saco este condicionamiento? Sé bien lo que es, sé bien lo que siento, ésta angustia rastrera y miserable, de no poder ver lo afortunado que soy, de estar ciego, de necesitar que en una carta me digan que todo va a estar bien, que hay un camino que tengo que recorrer.
Y no estoy solo, tengo razones de sobra para seguir, que esperan para abrazarme, y así no tenga, o no quiera, igual tengo que seguir. Todo esto que me ampara, no es que hoy no importe, pido disculpas por eso. Aunque en mi mente egoísta crea que no podría ser peor, sé que de verdad lo sería sin su presencia.
Así que razón suficiente para buscar dentro de mi cosas que debo escribir. Me siento un poco mejor, como cuando intoxicado vomito para recuperarme... para luego intoxicarme más, ja...
Hoy soy peor que de costumbre, aun más pequeño, no quiero ver el sol, no quiero que el planeta gire, ni que las aves vuelen, quiero que las estrellas se apaguen, que inicie la tercera guerra mundial, que el agua y los bosques se acaben, que las flores marchiten... Por ahí me escucho: "cuidado con lo que pides", hoy no importa.
¿Cómo no preguntarme que mierda anda mal conmigo? ¿De donde saco este condicionamiento? Sé bien lo que es, sé bien lo que siento, ésta angustia rastrera y miserable, de no poder ver lo afortunado que soy, de estar ciego, de necesitar que en una carta me digan que todo va a estar bien, que hay un camino que tengo que recorrer.
Y no estoy solo, tengo razones de sobra para seguir, que esperan para abrazarme, y así no tenga, o no quiera, igual tengo que seguir. Todo esto que me ampara, no es que hoy no importe, pido disculpas por eso. Aunque en mi mente egoísta crea que no podría ser peor, sé que de verdad lo sería sin su presencia.
Así que razón suficiente para buscar dentro de mi cosas que debo escribir. Me siento un poco mejor, como cuando intoxicado vomito para recuperarme... para luego intoxicarme más, ja...
martes, 7 de octubre de 2008
Lo que quiero
Ya me lo han dicho antes: "Haces lo que quieres". Parecería una estrategia adecuada, pero ya pasados casi 30 años he descubierto la falla. Todo corriera por cuenta propia si supiera bien que es lo que quiero. Cuando tomo un camino, me arrepiento por el que no seguí. Consecuencia inmediata es no siempre salir bien librado. Todo el tiempo ha sido así. Cargo cruces, pensando siempre que hubiese pasado de tomar la decisión en aquel tiempo incorrecta. Buscando respuestas al por qué encontré una posible, un recuerdo, que no es mío, más bien es de mis padres, seguramente está enterrado en mí, con otras cosas más.
Mi padre siempre gustó del esoterismo, del oráculo, de las profecías, él quería que mi nacimiento sea un día específico, un sábado 21 de junio. Hechos los estudios respectivos, la conclusión fue que ése era un buen inicio, me traería suerte, un buen camino, un buen comienzo, ademas de un signo zodiacal adecuado. El doctor Cepeda, encargado de atender a mi mamá, debía llegar al hospital del seguro aquel día elegido. Nunca llegó, el alumbramiento tuvo que postergarse, dos días...
A veces siento como si todo lo que hago se quedara a medias, como si toda mi vida vida fuera un "casi", como si nunca tomara el camino correcto. Mi padre nunca investigó acerca de la suerte que correría con ésta nueva fecha, con éste nuevo signo, éste nuevo comienzo. Yo siempre me pregunto que hubiese sucedido si hubiese nacido aquel día de buena suerte, como siempre me pregunto que hubiese sucedido de recorrer los caminos que he dejado ya.
Mi padre siempre gustó del esoterismo, del oráculo, de las profecías, él quería que mi nacimiento sea un día específico, un sábado 21 de junio. Hechos los estudios respectivos, la conclusión fue que ése era un buen inicio, me traería suerte, un buen camino, un buen comienzo, ademas de un signo zodiacal adecuado. El doctor Cepeda, encargado de atender a mi mamá, debía llegar al hospital del seguro aquel día elegido. Nunca llegó, el alumbramiento tuvo que postergarse, dos días...
A veces siento como si todo lo que hago se quedara a medias, como si toda mi vida vida fuera un "casi", como si nunca tomara el camino correcto. Mi padre nunca investigó acerca de la suerte que correría con ésta nueva fecha, con éste nuevo signo, éste nuevo comienzo. Yo siempre me pregunto que hubiese sucedido si hubiese nacido aquel día de buena suerte, como siempre me pregunto que hubiese sucedido de recorrer los caminos que he dejado ya.
domingo, 14 de septiembre de 2008
Aquel día aprendí...
Nuevo colaborador... Abrazos Papu...
No recuerdo con exactitud la época de este evento, de hecho, lo que estoy por relatar son recuerdos basados en sentimientos, mas no en escenas mentales.
Era la mañana perfecta de navidad; un sol majestuoso, una brisa agradable, una familia amorosa y por supuesto el regalo perfecto. Era la maquina de velocidad más hermosa que mis ojos jamás habían visto; tres ruedas, un mango amplio, un asiento diseñado solo para mi cuerpo y un color amarillo que junto con la ayuda del “Señor Sol” hacían de mi primer triciclo el regalo más esperado y recordado de mi vida.
Las fotos, que en aquellos días eran todo un evento, no se hicieron esperar. Mi triciclo y yo éramos las estrellas de la mañana, tarde e inicio de la noche. Una vez llegada la oscuridad, mi madre me indicó que tenía que ya ir adentro de la casa, lo acepté y dejé mi máquina muy bien estacionada. El día estuvo lleno de emociones lo que produjo que me duerma de inmediato, pero así mismo me desperté agitado, y raudo salí la siguiente mañana a empezar otra aventura con aquel triciclo, pero para mi sorpresa no estaba. Mi mente y corazón no sabían lo que sucedió. Poco después, mi papá me dio la trágica noticia. A mis tiernos primeros años fui presa del hampa de Quito.
Lo que aquel día aprendí, es que los momentos de alegría máxima son pocos en la vida, pero cuando son verdaderos, entran por la retina, se procesan en el cerebro y se quedan por siempre en el corazón. Y en mi corazón siempre estará mi primer triciclo amarillo.
Papu…
No recuerdo con exactitud la época de este evento, de hecho, lo que estoy por relatar son recuerdos basados en sentimientos, mas no en escenas mentales.
Era la mañana perfecta de navidad; un sol majestuoso, una brisa agradable, una familia amorosa y por supuesto el regalo perfecto. Era la maquina de velocidad más hermosa que mis ojos jamás habían visto; tres ruedas, un mango amplio, un asiento diseñado solo para mi cuerpo y un color amarillo que junto con la ayuda del “Señor Sol” hacían de mi primer triciclo el regalo más esperado y recordado de mi vida.
Las fotos, que en aquellos días eran todo un evento, no se hicieron esperar. Mi triciclo y yo éramos las estrellas de la mañana, tarde e inicio de la noche. Una vez llegada la oscuridad, mi madre me indicó que tenía que ya ir adentro de la casa, lo acepté y dejé mi máquina muy bien estacionada. El día estuvo lleno de emociones lo que produjo que me duerma de inmediato, pero así mismo me desperté agitado, y raudo salí la siguiente mañana a empezar otra aventura con aquel triciclo, pero para mi sorpresa no estaba. Mi mente y corazón no sabían lo que sucedió. Poco después, mi papá me dio la trágica noticia. A mis tiernos primeros años fui presa del hampa de Quito.
Lo que aquel día aprendí, es que los momentos de alegría máxima son pocos en la vida, pero cuando son verdaderos, entran por la retina, se procesan en el cerebro y se quedan por siempre en el corazón. Y en mi corazón siempre estará mi primer triciclo amarillo.
Papu…
viernes, 22 de agosto de 2008
Miedo de que no llegue
Gracias flaquita...
Nunca supe lo que mi padre haría. Seguía alcoholizado luego de las tres largas noches de alcohol. A tempranas horas de la mañana, juró a mi madre que no tomaría más, que el papelón de siempre en el Seguro Social, hacía que su cara caiga de vergüenza: 1 suero dextrosa al 5%, para hidratarlo, mezclado con placil, para el vómito y benutrex, para tratar de proteger su hígado. Esto ocurría todos los santos lunes de su vida.
Siempre tuve miedo que mi padre un día no llegue. Por eso decidí que desde ese día lo acompañaría a donde sea. Yo tenía apenas 4 años, pero el amor que sentía -y siento- por él rebasa los límites normales. Entonces, apenas empezó a jurar a mi madre, que no tomaría más, le rogué a ella, que me dejara ir con él, que lo traería sano y a salvo a casa. Mi madre un tanto desconfiada, accedió luego de mirar que mis ojos se aguaron.
Mi padre dijo que iría a su oficina, pero nada. Lo que se le ocurrió fue llevarme donde un vecino, que vivía a 6 casas de la nuestra y volver a tomar. Yo de cuando en cuando alaba su chaqueta para recordare su juramento, pero siempre fue más fuerte el alcohol. Mientras tanto, yo entretenida con Mayrita, la hija de este señor, cuyo nombre no recuerdo –y debe ser por la sentencia de Freud, cuando dice que uno no recuerda los nombres, porque repele, luego de algún suceso poco agradable-. Mi padre, había tomado casi toda la mañana, y ya entrado en copas, me dijo que me quedara ahí, que volvería pronto a recogerme. Entonces yo, obediente y buena, seguí en la juerga con Mayra y su hermano mayor. Teníamos de todo: juguetes, galletas, caramelos, globos. Pero el tiempo pasaba y mi padre no llegaba. Ya hacía frío y el cielo empezaba a oscurecer, y mi padre nunca llegó. Entonces, como a las seis y media de la tarde, viene mi madre, con los ojos empapados y llena de furia, acompañada de una tía suya, quien me había visto en la tienda de la madre de Mayra, y me clava tres correazos por haberme desaparecido.
Qué injusto me pareció todo. Pero poco después de enterarme del infierno que mi madre vivió, al verle llegar a mi padre, borracho y sin mí, luego de saber que mi nombre y mis características físicas estaban deambulando por las emisoras de Riobamba, entendí todo. Las menciones en la radio, a decir de mi madre, decían algo así como: Niña de 4 años, perdida, viste un calentador fucsia, lleva el cabello corto, y tiene en sus ojos oscuros una tristeza particular. Salió de casa con su padre a las 7 de la mañana, pero sólo volvió él, en estado etílico.
Qué terrible episodio para mi pobre madre. Ahora entiendo su desquite conmigo, quien únicamente esperaba que mi padre volviera.
Pati
Nunca supe lo que mi padre haría. Seguía alcoholizado luego de las tres largas noches de alcohol. A tempranas horas de la mañana, juró a mi madre que no tomaría más, que el papelón de siempre en el Seguro Social, hacía que su cara caiga de vergüenza: 1 suero dextrosa al 5%, para hidratarlo, mezclado con placil, para el vómito y benutrex, para tratar de proteger su hígado. Esto ocurría todos los santos lunes de su vida.
Siempre tuve miedo que mi padre un día no llegue. Por eso decidí que desde ese día lo acompañaría a donde sea. Yo tenía apenas 4 años, pero el amor que sentía -y siento- por él rebasa los límites normales. Entonces, apenas empezó a jurar a mi madre, que no tomaría más, le rogué a ella, que me dejara ir con él, que lo traería sano y a salvo a casa. Mi madre un tanto desconfiada, accedió luego de mirar que mis ojos se aguaron.
Mi padre dijo que iría a su oficina, pero nada. Lo que se le ocurrió fue llevarme donde un vecino, que vivía a 6 casas de la nuestra y volver a tomar. Yo de cuando en cuando alaba su chaqueta para recordare su juramento, pero siempre fue más fuerte el alcohol. Mientras tanto, yo entretenida con Mayrita, la hija de este señor, cuyo nombre no recuerdo –y debe ser por la sentencia de Freud, cuando dice que uno no recuerda los nombres, porque repele, luego de algún suceso poco agradable-. Mi padre, había tomado casi toda la mañana, y ya entrado en copas, me dijo que me quedara ahí, que volvería pronto a recogerme. Entonces yo, obediente y buena, seguí en la juerga con Mayra y su hermano mayor. Teníamos de todo: juguetes, galletas, caramelos, globos. Pero el tiempo pasaba y mi padre no llegaba. Ya hacía frío y el cielo empezaba a oscurecer, y mi padre nunca llegó. Entonces, como a las seis y media de la tarde, viene mi madre, con los ojos empapados y llena de furia, acompañada de una tía suya, quien me había visto en la tienda de la madre de Mayra, y me clava tres correazos por haberme desaparecido.
Qué injusto me pareció todo. Pero poco después de enterarme del infierno que mi madre vivió, al verle llegar a mi padre, borracho y sin mí, luego de saber que mi nombre y mis características físicas estaban deambulando por las emisoras de Riobamba, entendí todo. Las menciones en la radio, a decir de mi madre, decían algo así como: Niña de 4 años, perdida, viste un calentador fucsia, lleva el cabello corto, y tiene en sus ojos oscuros una tristeza particular. Salió de casa con su padre a las 7 de la mañana, pero sólo volvió él, en estado etílico.
Qué terrible episodio para mi pobre madre. Ahora entiendo su desquite conmigo, quien únicamente esperaba que mi padre volviera.
Pati
lunes, 11 de agosto de 2008
Este si no sé de quien también será, ja. Gracias mil, que bueno.
Hola... agradable el blog... un poco de nostalgia me llego al leer los posts... creo que es lindo recordar.... todo lo q nos hizo ser lo q ahora somos... y me he dado cuenta q muchos recuerdos por la melancolia q me trasmiten los he bloqueado voluntariamente... que cosas no?... pero bueno... he tratado de hacer un esfuercito y recordar.... espero poder enviarte mas... si los publicas vacàn y si no... pues igual... gracias por hacerme recordar....
Ahi vaaaaaaaa:
hay demasiados recuerdos de la niñez... lo hermoso en mi caso es q todos los recuerdos q tengo son felices, inocencia y buen humor marcaron mis años de descubrir el misterio mas grande e inigualable que es la amistad...
naci en una ciudad pequeña de las antigüitas, con los padres de antaño y las vecinas chismosas... Todos los dias era una nueva aventura para todos, no habia discriminacion de edad para unirse al grupo...
la religión católica predominaba en mi ciudad, como es obvio luego de los antecedentes, sin embargo existia en mi barrio una iglesia de mormones... a todos los panas nos encantaba irnos a jugar alla, tenian una liiiiiiiiiinda cancha de basket, distinta a la del parke q le faltaba un aro... asi q ibamos alla... el detalle era q entrabamos cuando no estaban los dueños, trepando por un poste de luz hasta una caseta abandonada q anteriormente la ocupaba un guardia.. y desde alli un salto mortal jajaja digno de las olimpiadas para poder entrar a los patios de la iglesia... nuestros papás ni idea hasta q llego el día q por ahi alguno se fue de sincero con la mamá... y fue el relaaaaaaaaajo !!... ya nos kemaban vivos jajaja ... bueno o al menos asi se nos figuaraba a nosotros.. ya nos re-bautizaban por haber pisado suelo anti- catolico... fue duro para que... hasta q años despues caimos en cuenta de la exageracion de nuestros preocupados padres jaja... pero en fin siempre buscabamos otro lugar para jugar.. que para colmo de punterias era tambien prohibido... pero asi es a veces... :P
Anónimo
Hola... agradable el blog... un poco de nostalgia me llego al leer los posts... creo que es lindo recordar.... todo lo q nos hizo ser lo q ahora somos... y me he dado cuenta q muchos recuerdos por la melancolia q me trasmiten los he bloqueado voluntariamente... que cosas no?... pero bueno... he tratado de hacer un esfuercito y recordar.... espero poder enviarte mas... si los publicas vacàn y si no... pues igual... gracias por hacerme recordar....
Ahi vaaaaaaaa:
hay demasiados recuerdos de la niñez... lo hermoso en mi caso es q todos los recuerdos q tengo son felices, inocencia y buen humor marcaron mis años de descubrir el misterio mas grande e inigualable que es la amistad...
naci en una ciudad pequeña de las antigüitas, con los padres de antaño y las vecinas chismosas... Todos los dias era una nueva aventura para todos, no habia discriminacion de edad para unirse al grupo...
la religión católica predominaba en mi ciudad, como es obvio luego de los antecedentes, sin embargo existia en mi barrio una iglesia de mormones... a todos los panas nos encantaba irnos a jugar alla, tenian una liiiiiiiiiinda cancha de basket, distinta a la del parke q le faltaba un aro... asi q ibamos alla... el detalle era q entrabamos cuando no estaban los dueños, trepando por un poste de luz hasta una caseta abandonada q anteriormente la ocupaba un guardia.. y desde alli un salto mortal jajaja digno de las olimpiadas para poder entrar a los patios de la iglesia... nuestros papás ni idea hasta q llego el día q por ahi alguno se fue de sincero con la mamá... y fue el relaaaaaaaaajo !!... ya nos kemaban vivos jajaja ... bueno o al menos asi se nos figuaraba a nosotros.. ya nos re-bautizaban por haber pisado suelo anti- catolico... fue duro para que... hasta q años despues caimos en cuenta de la exageracion de nuestros preocupados padres jaja... pero en fin siempre buscabamos otro lugar para jugar.. que para colmo de punterias era tambien prohibido... pero asi es a veces... :P
Anónimo
lunes, 28 de julio de 2008
Elegí para vivir
Gracias compa por el recuerdo...
Recuerdo el griterío mientras subía las gradas y al final la luz del sol que me cegaba. Cuando pude ver me sorprendió esa enorme cancha, verde, en la que una pelota llevaba a los jugadores de un lado para otro. Desde la tribuna del Atahualpa vi un cuadro con los colores azul y rojo de mi ciudad que jugaba contra la oncena que mi papá me llevó a ver.
Cuando un par de años después me preguntaron por mi equipo, ese primer recuerdo llegó a mi cabeza y con unos escasos seis años respondí que era del Quito. Mi papá hizo todo lo posible porque me hiciera de su equipo, el que me llevó a ver aquella mañana, pero de nada sirvieron sus esfuerzos y las camisetas blancas que me compraba al final quedaron para trapeadores.
Lo que sentí por ese equipo azul y grana se dio a primera vista, como un flechazo y con los años fue creciendo un sentimiento que no es fácil de explicar. En algún momento elegí ser del Quito y domingo a domingo, año tras año, he renovado la esperanza porque desde hace 40 años que no somos campeones.
En algún momento elegí llevar la azul grana en la piel y en el alma… y en algún momento elegí ser así, vivir así, con estos dos corazones, el que late y el que sufre- y goza- cada domingo porque desde mis primeros recuerdos, yo soy del Quito.
Carlitos
Recuerdo el griterío mientras subía las gradas y al final la luz del sol que me cegaba. Cuando pude ver me sorprendió esa enorme cancha, verde, en la que una pelota llevaba a los jugadores de un lado para otro. Desde la tribuna del Atahualpa vi un cuadro con los colores azul y rojo de mi ciudad que jugaba contra la oncena que mi papá me llevó a ver.
Cuando un par de años después me preguntaron por mi equipo, ese primer recuerdo llegó a mi cabeza y con unos escasos seis años respondí que era del Quito. Mi papá hizo todo lo posible porque me hiciera de su equipo, el que me llevó a ver aquella mañana, pero de nada sirvieron sus esfuerzos y las camisetas blancas que me compraba al final quedaron para trapeadores.
Lo que sentí por ese equipo azul y grana se dio a primera vista, como un flechazo y con los años fue creciendo un sentimiento que no es fácil de explicar. En algún momento elegí ser del Quito y domingo a domingo, año tras año, he renovado la esperanza porque desde hace 40 años que no somos campeones.
En algún momento elegí llevar la azul grana en la piel y en el alma… y en algún momento elegí ser así, vivir así, con estos dos corazones, el que late y el que sufre- y goza- cada domingo porque desde mis primeros recuerdos, yo soy del Quito.
Carlitos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



