domingo, 14 de septiembre de 2008

Aquel día aprendí...

Nuevo colaborador... Abrazos Papu...

No recuerdo con exactitud la época de este evento, de hecho, lo que estoy por relatar son recuerdos basados en sentimientos, mas no en escenas mentales.

Era la mañana perfecta de navidad; un sol majestuoso, una brisa agradable, una familia amorosa y por supuesto el regalo perfecto. Era la maquina de velocidad más hermosa que mis ojos jamás habían visto; tres ruedas, un mango amplio, un asiento diseñado solo para mi cuerpo y un color amarillo que junto con la ayuda del “Señor Sol” hacían de mi primer triciclo el regalo más esperado y recordado de mi vida.

Las fotos, que en aquellos días eran todo un evento, no se hicieron esperar. Mi triciclo y yo éramos las estrellas de la mañana, tarde e inicio de la noche. Una vez llegada la oscuridad, mi madre me indicó que tenía que ya ir adentro de la casa, lo acepté y dejé mi máquina muy bien estacionada. El día estuvo lleno de emociones lo que produjo que me duerma de inmediato, pero así mismo me desperté agitado, y raudo salí la siguiente mañana a empezar otra aventura con aquel triciclo, pero para mi sorpresa no estaba. Mi mente y corazón no sabían lo que sucedió. Poco después, mi papá me dio la trágica noticia. A mis tiernos primeros años fui presa del hampa de Quito.

Lo que aquel día aprendí, es que los momentos de alegría máxima son pocos en la vida, pero cuando son verdaderos, entran por la retina, se procesan en el cerebro y se quedan por siempre en el corazón. Y en mi corazón siempre estará mi primer triciclo amarillo.

Papu…

viernes, 22 de agosto de 2008

Miedo de que no llegue

Gracias flaquita...

Nunca supe lo que mi padre haría. Seguía alcoholizado luego de las tres largas noches de alcohol. A tempranas horas de la mañana, juró a mi madre que no tomaría más, que el papelón de siempre en el Seguro Social, hacía que su cara caiga de vergüenza: 1 suero dextrosa al 5%, para hidratarlo, mezclado con placil, para el vómito y benutrex, para tratar de proteger su hígado. Esto ocurría todos los santos lunes de su vida.

Siempre tuve miedo que mi padre un día no llegue. Por eso decidí que desde ese día lo acompañaría a donde sea. Yo tenía apenas 4 años, pero el amor que sentía -y siento- por él rebasa los límites normales. Entonces, apenas empezó a jurar a mi madre, que no tomaría más, le rogué a ella, que me dejara ir con él, que lo traería sano y a salvo a casa. Mi madre un tanto desconfiada, accedió luego de mirar que mis ojos se aguaron.

Mi padre dijo que iría a su oficina, pero nada. Lo que se le ocurrió fue llevarme donde un vecino, que vivía a 6 casas de la nuestra y volver a tomar. Yo de cuando en cuando alaba su chaqueta para recordare su juramento, pero siempre fue más fuerte el alcohol. Mientras tanto, yo entretenida con Mayrita, la hija de este señor, cuyo nombre no recuerdo –y debe ser por la sentencia de Freud, cuando dice que uno no recuerda los nombres, porque repele, luego de algún suceso poco agradable-. Mi padre, había tomado casi toda la mañana, y ya entrado en copas, me dijo que me quedara ahí, que volvería pronto a recogerme. Entonces yo, obediente y buena, seguí en la juerga con Mayra y su hermano mayor. Teníamos de todo: juguetes, galletas, caramelos, globos. Pero el tiempo pasaba y mi padre no llegaba. Ya hacía frío y el cielo empezaba a oscurecer, y mi padre nunca llegó. Entonces, como a las seis y media de la tarde, viene mi madre, con los ojos empapados y llena de furia, acompañada de una tía suya, quien me había visto en la tienda de la madre de Mayra, y me clava tres correazos por haberme desaparecido.

Qué injusto me pareció todo. Pero poco después de enterarme del infierno que mi madre vivió, al verle llegar a mi padre, borracho y sin mí, luego de saber que mi nombre y mis características físicas estaban deambulando por las emisoras de Riobamba, entendí todo. Las menciones en la radio, a decir de mi madre, decían algo así como: Niña de 4 años, perdida, viste un calentador fucsia, lleva el cabello corto, y tiene en sus ojos oscuros una tristeza particular. Salió de casa con su padre a las 7 de la mañana, pero sólo volvió él, en estado etílico.

Qué terrible episodio para mi pobre madre. Ahora entiendo su desquite conmigo, quien únicamente esperaba que mi padre volviera.

Pati

lunes, 11 de agosto de 2008

Este si no sé de quien también será, ja. Gracias mil, que bueno.

Hola... agradable el blog... un poco de nostalgia me llego al leer los posts... creo que es lindo recordar.... todo lo q nos hizo ser lo q ahora somos... y me he dado cuenta q muchos recuerdos por la melancolia q me trasmiten los he bloqueado voluntariamente... que cosas no?... pero bueno... he tratado de hacer un esfuercito y recordar.... espero poder enviarte mas... si los publicas vacàn y si no... pues igual... gracias por hacerme recordar....

Ahi vaaaaaaaa:

hay demasiados recuerdos de la niñez... lo hermoso en mi caso es q todos los recuerdos q tengo son felices, inocencia y buen humor marcaron mis años de descubrir el misterio mas grande e inigualable que es la amistad...
naci en una ciudad pequeña de las antigüitas, con los padres de antaño y las vecinas chismosas... Todos los dias era una nueva aventura para todos, no habia discriminacion de edad para unirse al grupo...
la religión católica predominaba en mi ciudad, como es obvio luego de los antecedentes, sin embargo existia en mi barrio una iglesia de mormones... a todos los panas nos encantaba irnos a jugar alla, tenian una liiiiiiiiiinda cancha de basket, distinta a la del parke q le faltaba un aro... asi q ibamos alla... el detalle era q entrabamos cuando no estaban los dueños, trepando por un poste de luz hasta una caseta abandonada q anteriormente la ocupaba un guardia.. y desde alli un salto mortal jajaja digno de las olimpiadas para poder entrar a los patios de la iglesia... nuestros papás ni idea hasta q llego el día q por ahi alguno se fue de sincero con la mamá... y fue el relaaaaaaaaajo !!... ya nos kemaban vivos jajaja ... bueno o al menos asi se nos figuaraba a nosotros.. ya nos re-bautizaban por haber pisado suelo anti- catolico... fue duro para que... hasta q años despues caimos en cuenta de la exageracion de nuestros preocupados padres jaja... pero en fin siempre buscabamos otro lugar para jugar.. que para colmo de punterias era tambien prohibido... pero asi es a veces... :P

Anónimo

lunes, 28 de julio de 2008

Elegí para vivir

Gracias compa por el recuerdo...

Recuerdo el griterío mientras subía las gradas y al final la luz del sol que me cegaba. Cuando pude ver me sorprendió esa enorme cancha, verde, en la que una pelota llevaba a los jugadores de un lado para otro. Desde la tribuna del Atahualpa vi un cuadro con los colores azul y rojo de mi ciudad que jugaba contra la oncena que mi papá me llevó a ver.

Cuando un par de años después me preguntaron por mi equipo, ese primer recuerdo llegó a mi cabeza y con unos escasos seis años respondí que era del Quito. Mi papá hizo todo lo posible porque me hiciera de su equipo, el que me llevó a ver aquella mañana, pero de nada sirvieron sus esfuerzos y las camisetas blancas que me compraba al final quedaron para trapeadores.

Lo que sentí por ese equipo azul y grana se dio a primera vista, como un flechazo y con los años fue creciendo un sentimiento que no es fácil de explicar. En algún momento elegí ser del Quito y domingo a domingo, año tras año, he renovado la esperanza porque desde hace 40 años que no somos campeones.

En algún momento elegí llevar la azul grana en la piel y en el alma… y en algún momento elegí ser así, vivir así, con estos dos corazones, el que late y el que sufre- y goza- cada domingo porque desde mis primeros recuerdos, yo soy del Quito.

Carlitos

domingo, 22 de junio de 2008

Mi Cicatriz

Dios le pague por el aporte...

Una cicatriz de ocho puntos en mi rostro me recuerda que antes de cruzar la calle tengo que fijarme bien hacia los dos lados.
Cuando sucedió tenía menos de cinco años, exactamente no sé, lo que sí recuerdo es que apenas había ingresado al jardín de infantes, al que tuve que faltar por varios días después del accidente.
Esa tarde jugaba con mi hermano a las “congeladas” frente a mi casa. Él tenía que alcanzarme y tocarme para congelarme, y yo, obviamente, correr lo más rápido posible para evitar que lo haga. De pronto, mi hermano gritó: “cuidado con el carro”.
Yo me paré y a penas lo vi pasar arranqué nuevamente a correr, de lo que no me di cuenta es que atrás venía otro carro, un taxi que ya tenía sus años y contra el cual
me impacté.
Mi madre, que supuestamente estaba vigilándonos desde su taller de costura –en el que hasta hoy trabaja-, cuenta que mi hermano entró asustado y le contó lo que había sucedido. Ella salió corriendo y me encontró tirada en la calle con el rostro lleno de sangre. El mismo taxi que me arrolló nos llevó al hospital, en donde los médicos, después de una limpieza con agua oxigenada, alcohol y una revisión exhaustiva, únicamente encontraron al lado de mi nariz una herida producida por una lata suelta. A falta del hilo adecuado, hicieron la sutura con uno mucho más grueso, por lo que quedó una cicatriz que muchas veces, sobre todo en la adolescencia, me pareció más grande de lo que es en realidad.

Anónimo

miércoles, 4 de junio de 2008

El duende

Otro recuerdo, otro aliento, gracias... Ghea. Mil besos...

Tantos recuerdos, que se avalanchan a mi memoria, secretos que invitan a ser descubiertos que me acompañaran por siempre como un fiel compañero mostrándome todos sus encantos…

Uno de ellos tal vez uno de los más extraños que me han pasado, aquel que confirmo en mi vida la existencia de aquellos seres que se los conoce a través de leyendas… pues yo viví una de las más conocidas…

Yo vivía en mi niñez, en un pueblo uno de los más tranquilos que ha existido, creado con una mezcla exacta de misticismo, misterio y libertad, en aquellos que uno cree que todo puede pasar en un solo día y al otro día todo vuelve a su cauce. Conocido como un paraíso cercano al cielo, pero a mi parecer es la fusión del cielo y el infierno.

Recuerdo que todas las tardes nos reuníamos todos los niños del barrio, una jorga impresionante, de todas las edades solo con el único fin común de la aventura, así recorrimos acequias, páramos, ríos… descubrí que podía subir montañas con una facilidad increíble…

Una de esas tardes decidimos irnos al río cercano a un lugar conocido como el Puente Ayora , a tres kilómetros del pueblo, no había nada de extraño aquel recorrido lo hacíamos casi 1 vez por semana, ahora la diferencia es solo que fuimos 5 niñas, mis primas, mi hermana y Bobby , mi fiel compañero y un excelente guía de excursión.
Caminamos por el sendero hasta que decidimos abrirnos paso por la maleza para explorar según nosotras, cuando de pronto Bobby salio disparado sin rumbo como si seguía alguien, supusimos que vio un conejo y quería cazar , me aventure a seguirlo… Por unos minutos no se escucho nada solo mi voz diciendo su nombre para que volviera a mi , en ese momento invadió en mis sentidos el movimiento de las ramas , …Bobby? Alcance a decir suavemente cuando de pronto salió mi perrito asustado llorando tiritando, mojado, supuse que se cayo alguna acequia, y quise ver que paso, me abrí paso entre las ramas cuando de pronto vi una especie de niño meterse apresurado entre la vegetación, alcance a ver su sombrero negro empolvado, viejo, su espalda pequeña, no puedo describirlo exactamente solo recuerdo su movimientos rápidos para esconderse, me quede inmovilizada… mi cuerpo no respondió al miedo que me obligaba a salir corriendo, la mezcla de sorpresa, incertidumbre , terror… me quede quieta… durante unos segundos que me parecieron eternos…
Hasta que mi prima, grito ¡el duende, el duende… negra habla … habla …
Solo veía su rostro asustado frente al mío ni siquiera sentía la fuerza con la me sacudía, hasta que poco a poco fui recuperando mis movimientos…y solo atine a llorar con desesperación y salir corriendo de allí…
No quisimos contarlo, iba a ser nuestro secreto… pero poco a poco cada una fue contándolo a su manera … y dejo de ser un secreto y convertirse en un relato, fue una de las experiencias más locas de mi vida y ahora la comparto con Uds. No es fantasía … yo lo viví.

Ah … y se preguntarán que paso con Bobby .. pues no se recuperó, no comía, se enfermo… murió después de una semana…
Y desde ese momento no he ido para allá… quien sabe ... capaz que aquel personaje sigue rondando por ahí…esperándome.

Ghea

martes, 13 de mayo de 2008

"Ojala que los hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan"...

Como la música puede cambiar vidas. Otro aporte, gracias y abrazos...



Una mañana me despertó esa melódica frase con una guitarra que me parecía unos cristales rompiéndose suavemente. Yo dormía en la cama de mi hermano, él creció con los últimos vestigios de las revoluciones comunistas y le gustaba escuchar música "protesta" en la mañana en una radio marca International color rojo con una sola casetera, el botón de retroceso no servía, así que era necesario "voltearle" y adelantarle para escuchar algo que ya había pasado. Desde luego Ojalá era la primera canción del lado A, y era propicio comenzar ese Lunes de Escuela con la voz del cubano que en ese momento me pareció mágico -aunque no supe bien quien era si no hasta luego de un par de años-... en fin, me imaginaba como las hojas caían a un cuerpo de una mujer desde arriba; logré imaginar un disparo de nieve con un rifle largo para que aguante las balas de nieve (según yo); imaginé el camino cansado, sólo tengo la imagen en mi mente pero no se como explicarla; pude imaginar la Luna saliendo sin mi; imaginé difuntos, que sueño interesante rondaba mi memoria que imagine la luz cegadora que seguramente salía del disparo de nieve... "Tocarte ni en canciones"... mmm, sólo recuerdo que lo tomé muy literal; al final recuerdo unos aplausos (supongo que era en concierto) y el fin de una canción hechizada que me llevó a expandir mi mente hacia algún horizonte que ni siquiera sabía que existía.
Claro, ahora que soy "grande" intento tomar las canciones profundas siempre desde el lado poético, como para encontrar esa belleza subjetiva que la poesía y la música esconden, aparentan y alardean (todo al mismo tiempo)... Sin embargo, el verdadero recuerdo que quiero compartir es el sublime hecho de ser niño e imaginar... incluso más allá del arte... más allá de la conciencia y las razones... más allá de las estrellas... más allá de esto que estás leyendo…

Otaner